Cuando el aire que nos rodea se comprime con máquinas convencionales, los vapores de agua y aceite que contiene y la concentración de partículas en suspensión aumentan de manera significativa.
Sin un adecuado tratamiento los vapores de agua y aceite condensarán posteriormente a la compresión formando minúsculas gotas las que al mezclarse con esas partículas concentradas formarán un lodo abrasivo y aceitoso que contaminará las cañerías y los equipos conectados a ellas.
Los sistemas de aire comprimido de LHC están especialmente diseñados para cumplir con las necesidades de los establecimientos hospitalarios.
Estas unidades se suministran en forma de un "paquete" prearmado listo para ser conectado a la red hospitalaria e incluye un panel eléctrico, programador electrónico que controla el funcionamiento de los compresores y sistema de alarmas. Todo orientado a ofrecer una solución completa al problema del aire cumpliendo con los criterios de seguridad y confiabilidad que demanda un ambiente hospitalario moderno.
Cuentan con dos compresores "no lubricados" con lo cual se evita la presencia de aceite, uno de los elementos que más afecta la pureza del aire.
Cada compresor tiene una capacidad suficiente para proporcionar el máximo caudal nominal. Vale decir que en condiciones normales solamente funcionará uno de ellos quedando el otro en "stand by".
El programador efectua un ciclo de modo que los compresores funcionen en forma alternada para que su desgaste sea parejo.
El secado del aire se produce a traves de un secador por absorción.
La purificación se realiza mediante la utilización de tres tipos distintos de filtros:
- Un filtro coalescente (cartucho de borosilicato Ultrafilter SMF-03/10-S)
- Un filtro de carbón activado (cartucho Ultrafilter modelo AK-03/10-S)
- Un filtro bacteriológico (cartucho esterilizante de borosilicato Ultrafilter modelo P-SRF-04/10-S)